Project Details
Project Abstract (max 300 words)
La situación del Perú ante la inmediatez geográfica al Cinturón del Fuego del Pacifico y su inevitable condición de territorio cordillera hace que la actividad natural de sismos y huaicos, principalmente, sean problemas que han afectado a miles de personas y para lo cual el presente trabajo plantea una posible solución a posteriori, después de ocurrido el siniestro, a partir de la generación de módulos de refugio temporal propuesto inicialmente por el arquitecto japones Shigeru Ban y aplicados en diversos lugares del mundo desde hace más de 20 años. Este sistema, cuyo último gran impacto latinoaméricano lo tuvo Ecuador en el 2016, tras el terrible terremoto de 7.4 ° en la escala de Richter que lo sacudió. Sin embargo, ante la inminente ocurrencia de un sismo de magnitud colosal en nuestra costa con un prolongado silencio sísmico, el Perú quedaría devastado con una escasez de viviendas habitables a gran escala y cientos o miles de familias damnificadas. Este trabajo busca desarrollar prototipos de hasta 2 réplicas de un único modelo de refugio temporal, usando como referente directo el diseño arquitectónico y constructivo utilizado por Shigeru Ban, con adaptaciones procedimentales que se tengan que implementar producto de la investigación misma. Estas adaptaciones se irán desarrollando en la medida en que se vaya observando y evaluando el comportamiento desde lo físico-estructural que evalúa la estructura y material; desde lo ambiental: confort lumínico, higrotérmico y acústico; desde lo económico-constructivo, presupuesto y tiempo de ejecución; asimismo, se desarrollará un análisis sobre la masificación de este sistema y su aplicación en proyectos de emergencia.
Problem
El Perú tiene una de las geografías más accidentadas del planeta, gracias a la cercanía de su costa al Cinturón de Fuego del Pacífico, donde convergen dos placas tectónicas: la placa de Nazca y la placa Sudamericana. La primera, al ser empujada por la placa del Pacífico, genera que nuestro territorio haya formado parte de un continente con una cordillera muy pronunciada, la cordillera de Los Andes.
Desde esta condición, podemos observar la corteza terrestre de nuestro territorio como un fluido que depende directamente de los movimientos que ejercen las placas tectónicas, manifestándose periódicamente en forma de sismos. Asimismo, esta corteza se comporta como un fluido ante los constantes procesos de erosión, que por lo general se expresan como huaycos, presentes incluso desde antes del poblamiento de nuestro territorio.
El gobierno ha reaccionado entregando más de 8,000 Bonos de Arrendamiento de Vivienda para Emergencias (BAE) a nivel nacional, destinados a subsidiar temporalmente a las familias damnificadas para su reubicación, también, se ejecutaron campañas de donación y asistencia humanitaria en zonas afectadas, como Tumbes y Áncash, a través de municipalidades y entidades estatales, por su lado el INDECI anunció una alerta naranja el lunes 31 de marzo del 2025 a 20 de las 26 regiones del país, debido a la inminente caída de fuertes precipitaciones que se esperaban. Aparte de la pérdida de vidas humanas y los daños materiales ocasionados, es evidente que estos desastres dejan a decenas o miles de familias en condición de damnificadas. Tras los daños ocasionados a las viviendas, estas quedan totalmente inhabitables, obligando a las familias a depender de programas de gobierno que habilitan módulos temporales, generalmente carpas instaladas en estadios o colegios. Estas soluciones no satisfacen las necesidades mínimas de habitabilidad ni la cantidad de refugios requeridos, como se evidenció en el sismo de 2007, en el Fenómeno del Niño Costero y en los desastres de los últimos cinco años.
Sin embargo, este no es un problema exclusivo del Perú. En todo el mundo se han visto eventos similares que han dejado sin hogar a miles de familias, obligando a los gobiernos a desarrollar programas y planes que mitiguen el impacto de los desastres y la situación posterior, uno de los eventos más devastadores del 2025 es el de marzo, cuando un terremoto de magnitud 7,7 sacudió Myanmar, dejando un saldo aproximado de 4.500 personas fallecidas y miles sin hogar debido a la destrucción masiva de sus viviendas. Este evento significó una de las catástrofes naturales más graves del primer semestre de 2025 a nivel mundial, ocasionando pérdidas económicas cercanas a los 12 mil millones de dólares y causando un impacto humanitario de gran magnitud por la pérdida de viviendas seguras y la necesidad urgente de refugios temporales para las familias damnificadas. Este acto de mitigación ha ido cambiando de acuerdo a las estrategias diversas respecto a los recursos y tiempo que deberían emplearse, al ser una situación eventual.
El gobierno ha reaccionado entregando más de 8,000 Bonos de Arrendamiento de Vivienda para Emergencias (BAE) a nivel nacional, destinados a subsidiar temporalmente a las familias damnificadas para su reubicación, también, se ejecutaron campañas de donación y asistencia humanitaria en zonas afectadas, como Tumbes y Áncash, a través de municipalidades y entidades estatales, por su lado el INDECI anunció una alerta naranja el lunes 31 de marzo del 2025 a 20 de las 26 regiones del país, debido a la inminente caída de fuertes precipitaciones que se esperaban. Aparte de la pérdida de vidas humanas y los daños materiales ocasionados, es evidente que estos desastres dejan a decenas o miles de familias en condición de damnificadas. Tras los daños ocasionados a las viviendas, estas quedan totalmente inhabitables, obligando a las familias a depender de programas de gobierno que habilitan módulos temporales, generalmente carpas instaladas en estadios o colegios. Estas soluciones no satisfacen las necesidades mínimas de habitabilidad ni la cantidad de refugios requeridos, como se evidenció en el sismo de 2007, en el Fenómeno del Niño Costero y en los desastres de los últimos cinco años.
Sin embargo, este no es un problema exclusivo del Perú. En todo el mundo se han visto eventos similares que han dejado sin hogar a miles de familias, obligando a los gobiernos a desarrollar programas y planes que mitiguen el impacto de los desastres y la situación posterior, uno de los eventos más devastadores del 2025 es el de marzo, cuando un terremoto de magnitud 7,7 sacudió Myanmar, dejando un saldo aproximado de 4.500 personas fallecidas y miles sin hogar debido a la destrucción masiva de sus viviendas. Este evento significó una de las catástrofes naturales más graves del primer semestre de 2025 a nivel mundial, ocasionando pérdidas económicas cercanas a los 12 mil millones de dólares y causando un impacto humanitario de gran magnitud por la pérdida de viviendas seguras y la necesidad urgente de refugios temporales para las familias damnificadas. Este acto de mitigación ha ido cambiando de acuerdo a las estrategias diversas respecto a los recursos y tiempo que deberían emplearse, al ser una situación eventual.
Desde esta condición, podemos observar la corteza terrestre de nuestro territorio como un fluido que depende directamente de los movimientos que ejercen las placas tectónicas, manifestándose periódicamente en forma de sismos. Asimismo, esta corteza se comporta como un fluido ante los constantes procesos de erosión, que por lo general se expresan como huaycos, presentes incluso desde antes del poblamiento de nuestro territorio.
El gobierno ha reaccionado entregando más de 8,000 Bonos de Arrendamiento de Vivienda para Emergencias (BAE) a nivel nacional, destinados a subsidiar temporalmente a las familias damnificadas para su reubicación, también, se ejecutaron campañas de donación y asistencia humanitaria en zonas afectadas, como Tumbes y Áncash, a través de municipalidades y entidades estatales, por su lado el INDECI anunció una alerta naranja el lunes 31 de marzo del 2025 a 20 de las 26 regiones del país, debido a la inminente caída de fuertes precipitaciones que se esperaban. Aparte de la pérdida de vidas humanas y los daños materiales ocasionados, es evidente que estos desastres dejan a decenas o miles de familias en condición de damnificadas. Tras los daños ocasionados a las viviendas, estas quedan totalmente inhabitables, obligando a las familias a depender de programas de gobierno que habilitan módulos temporales, generalmente carpas instaladas en estadios o colegios. Estas soluciones no satisfacen las necesidades mínimas de habitabilidad ni la cantidad de refugios requeridos, como se evidenció en el sismo de 2007, en el Fenómeno del Niño Costero y en los desastres de los últimos cinco años.
Sin embargo, este no es un problema exclusivo del Perú. En todo el mundo se han visto eventos similares que han dejado sin hogar a miles de familias, obligando a los gobiernos a desarrollar programas y planes que mitiguen el impacto de los desastres y la situación posterior, uno de los eventos más devastadores del 2025 es el de marzo, cuando un terremoto de magnitud 7,7 sacudió Myanmar, dejando un saldo aproximado de 4.500 personas fallecidas y miles sin hogar debido a la destrucción masiva de sus viviendas. Este evento significó una de las catástrofes naturales más graves del primer semestre de 2025 a nivel mundial, ocasionando pérdidas económicas cercanas a los 12 mil millones de dólares y causando un impacto humanitario de gran magnitud por la pérdida de viviendas seguras y la necesidad urgente de refugios temporales para las familias damnificadas. Este acto de mitigación ha ido cambiando de acuerdo a las estrategias diversas respecto a los recursos y tiempo que deberían emplearse, al ser una situación eventual.
El gobierno ha reaccionado entregando más de 8,000 Bonos de Arrendamiento de Vivienda para Emergencias (BAE) a nivel nacional, destinados a subsidiar temporalmente a las familias damnificadas para su reubicación, también, se ejecutaron campañas de donación y asistencia humanitaria en zonas afectadas, como Tumbes y Áncash, a través de municipalidades y entidades estatales, por su lado el INDECI anunció una alerta naranja el lunes 31 de marzo del 2025 a 20 de las 26 regiones del país, debido a la inminente caída de fuertes precipitaciones que se esperaban. Aparte de la pérdida de vidas humanas y los daños materiales ocasionados, es evidente que estos desastres dejan a decenas o miles de familias en condición de damnificadas. Tras los daños ocasionados a las viviendas, estas quedan totalmente inhabitables, obligando a las familias a depender de programas de gobierno que habilitan módulos temporales, generalmente carpas instaladas en estadios o colegios. Estas soluciones no satisfacen las necesidades mínimas de habitabilidad ni la cantidad de refugios requeridos, como se evidenció en el sismo de 2007, en el Fenómeno del Niño Costero y en los desastres de los últimos cinco años.
Sin embargo, este no es un problema exclusivo del Perú. En todo el mundo se han visto eventos similares que han dejado sin hogar a miles de familias, obligando a los gobiernos a desarrollar programas y planes que mitiguen el impacto de los desastres y la situación posterior, uno de los eventos más devastadores del 2025 es el de marzo, cuando un terremoto de magnitud 7,7 sacudió Myanmar, dejando un saldo aproximado de 4.500 personas fallecidas y miles sin hogar debido a la destrucción masiva de sus viviendas. Este evento significó una de las catástrofes naturales más graves del primer semestre de 2025 a nivel mundial, ocasionando pérdidas económicas cercanas a los 12 mil millones de dólares y causando un impacto humanitario de gran magnitud por la pérdida de viviendas seguras y la necesidad urgente de refugios temporales para las familias damnificadas. Este acto de mitigación ha ido cambiando de acuerdo a las estrategias diversas respecto a los recursos y tiempo que deberían emplearse, al ser una situación eventual.
| Status | Active |
|---|---|
| Effective start/end date | 1/01/26 → 30/09/26 |
UN Sustainable Development Goals
In 2015, UN member states agreed to 17 global Sustainable Development Goals (SDGs) to end poverty, protect the planet and ensure prosperity for all. This project contributes towards the following SDG(s):
-
SDG 9 Industry, Innovation, and Infrastructure
Research Areas
- Entrepreneurship and innovation
- Climate change